jueves, 19 de junio de 2014

Abre los ojos maldita inútilábrelos. Tienes que mantenerte despierta, debes hacerlo. 

El aire huele a fuego, y a polvo. El aire huele a muerte. No puedo moverme y algo presiona mi pierna izquierda. Intento moverla sin éxito y noto mil cuchillas cayendo sobre ella. El dolor es insoportable

Me quedo quieta, atenta a cualquier ruido, abierta a todo imprevisto. El accidente viene a mi cabeza una y otra vez.  El autobús descarrila, gritos, fuego y luego oscuridad. Un silencio ensordecedor invade el ambiente y el frío se apodera de mí. No siento los dedos, no siento la nariz, no siento nada. 

“Open your eyes, ¡damn it!” esa suave voz llega en forma de susurro a mis oídos. Noto presión sobre mi pecho y de pronto recobro cierta sensibilidad en mis dedos. Y entonces, abro los ojos. 

A cámara lenta contemplo el mundo de nuevo, un apuesto caballero me sigue reanimando, veo la marca de la frustración en su cara. Y todo me parece absurdamente bello. 

“Keep it open” me susurra, pero es demasiado tarde. Cierro los ojos, hundiéndome de nuevo en la oscuridad, una oscuridad de la que nunca volveré a salir. La muerte.

...




La belleza es algo tan subjetivo que nadie jamás logrará con exactitud describirla.
La belleza, ¿qué es bello? ¿qué no? Quizá sea esa relatividad lo que incentive su visión.
Hay tanta belleza a mi alrededor que a veces me siento abrumada. La propia vida es belleza, la muerte lo es incluso más. Si la vida es belleza, todo lo que conlleva también. Hay belleza en el simple compás del respirar. En el latir de tu corazón. En el parpadeo de tus ojos.  Y la muerte, o bello final. Algunos encuentran extraño que considere bello algo que te quita la vida. Pero es bello, es bello ver como tu cuerpo entra en un estadio de paz y tranquilidad. Es bello lo que la muerte supone, no el morir.