viernes, 16 de mayo de 2014

El país de las cosas olvidadas

¿Siempre he pensado, a dónde marcha una idea cuando no es deseada?
¿Qué hay de aquellos sueños frustrados que tan sólo en retazos de papel se transformaron?
¿A dónde vuelan los sentimientos que por el tiempo fueron camuflados?

Porque debe haber un sitio, donde todo aquello cobre vida. No puede ser que aquello que es desechado, camuflado, olvidado pase a un estado de ingravidez y se una a la energía.

¿A dónde van las lágrimas derramadas? ¿Las carcajadas apagadas? ¿Qué es de aquellos susurros que entre besos fueron aplacados? ¿A dónde marchan? ¿En dónde viven? ¿Por qué se fueron? ¿Por qué se escapan? ¿De qué se esconden?

Quizás haya un país de las cosas olvidadas y acabadas. Allí todos esperan ser rescatados. Las lágrimas esperan volver a rozar mejillas, las carcajadas esperan ser dueñas del eco y de la risa, los sueños esperan ser de nuevo deseados, los sentimientos ser de nuevo incendiados, y los susurros ser de nuevo aplacados.

No es una idea tan loca, no tiene sentido que todo aquello que hace bello la vida se vaya de tu vida tan efimeramente. Seguramente están gritando que quieren volver. Es como si dentro, tu corazón y tu cerebro lucharan por el control de los mismos:
Uno, racional y exigente les da miedo, les hace querer huir.
Otro, dulce y pasional, les escucha, les da alas para querer volver.

El país de las cosas olvidadas, en mi opinión, vive dentro de cada uno de nosotros, y cuando aflora nos hace perder el control.