martes, 25 de marzo de 2014

Rima XXXVI

"Si de nuestros agravios en un libro,
se escribiese la historia,
y se borrase en nuestras almas cuanto
se borrase en sus hojas,

te quiero tanto aún, dejó en mi pecho
tu amor huellas tan hondas,
que sólo con que tú borrases una
¡Las borraba yo todas!"

Gustavo Adolfo Bécquer.

Béquer es uno de mis poetas favoritos. Quizás sea el movimiento (Romanticismo.) lo que me apasiona pero desde que tengo diez años leo sus composiciones. 

Esta rima es poco conocida pero para mí tiene mucho valor. Define con exactitud lo que todos deseamos hacer en un determinado momento. Dejar constancia de nuestra historia, y si pudiésemos modificarla, cambiarla o incluso olvidarla. Bécquer le da el tono de amor idealizado. Se refiere al amor pero podríamos aplicarlo a cualquier término de la vida. 

Quizás sea el símil con el que lo refleja, quizás es que mi interpretación sea distinta pero entiendo perfectamente a mi querido Bécquer. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Reflexión sobre la esencia encarcelada.

Me he dado cuenta de lo equivocada que he estado. Pensé que me llegaban a conocer, que quizás en ese misero intento de darme al mundo habían captado mi esencia, estúpida. Vengo décadas estando en un error, no me conocen, e incluso parecen no querer hacerlo.

No lo entiendo. Es cierto que la transparencia brilla  por su ausencia, pero no soy opaca ni mucho menos. Soy como el hielo: depende del momento, de la temperatura y del sujeto que observa vislumbrará más o menos. Soy translúcida. 

No me considero extraña, no me considero ni normal, ni rara. Yo sólo considero que soy. Soy, ¿y qué soy? Soy muchas cosas y no soy nada. Soy humana. Soy, quizás, ¿persona?. Soy estudiante, soy hija, soy hermana. Soy ¿amiga?. Soy lectora. Soy espectadora. Soy la chica de la parada, la vecina de al lado. Soy la compañera de clase. Soy alumna. Soy a la vez todo y a la vez nada, igual que todo aquel que piensa. 

Conocer los gustos de una persona es sencillo. Escuchándola e interrogándola se llega pronto al objetivo deseado. Conocer cómo es una persona, por qué es así y llegar a percibir su esencia es tarea más difícil.
Sin embargo, me entristece ver que las personas que yo pensaba que lo hacían apenas lo hagan. O apenas les importe esa esencia. Ese brillo, esa virtud que se ve en los ojos. Aquello que se trasmite en la mirada. En los silencios. Aquello que se trasmite en el habla más profunda. 

He mencionado que soy translúcida. Soy bastante cerrada en banda, que al ser cabezota aumenta en exceso. Mi familia no llega a conocerme, no llega a captar mi esencia. Es cierto que sí, saben quién soy, saben algo sobre mi conducta y mi comportamiento típico. Mis maneras de responder ante los estímulos. Pero no saben por qué soy, ¿querrán saberlo? Si es así muestran interés cero. 

Mis amigos. Los verdaderos, aquellos que se cuentan con los dedos de la mano. Aquellos que crees conocer. Hasta hace poco he creído que al menos esos cuatro verdaderos vislumbraban parte de mi ser. Sabían algo de mi esencia. Mis aspiraciones. Mi yo, eso que se esconde en el habla más profunda. De nuevo me llevé un fiasco

No soy buena definiéndome. No soy buena describiendo a personas que existen. No soy buena cuando se trata de narrar la realidad. No soy buena, pero quizás pueda dejar escrito algo de lo que soy. Algo de esa esencia que se oculta

Soy translúcida. Soy cobarde, temo a la realidad, temo a su maldito alarde de verdades. Pero la esencia tiene sus formas de escapar a mis ojos. Cuando estallo en risas efervescentes, cuando no puedo controlar las carcajadas y la realidad deja de asustarme, de imponerse.Cuando las maravillas del mundo se manifiestan, cuando soy una digna espectadora de la belleza terrenal, aquella que observa anonada es mi esencia.  

Cuando mi cerebro y mi mente se relajan. Cuando dejo de analizar lo que me rodea, de versificar, aquella que en silencio mira al infinito. Esa que se ve es parte de mi esencia. Un pedazo importante de lo que soy. Aquella que lágrimas deja caer al suelo, en silencio, aquella que ante algo que causa emociones no las reprime con miedo. Aquella que se despierta pocas veces, aquella que la mayoría de las veces es encerrada en una jaula y no le dejan hablar. Esa que vive tras el miedo. Aquella que es risa, alegría, amor. Aquella que sueña con girar y girar mientras ríe de felicidad. Aquella que tiene opinión y constancia sobre la realidad. Aquella que no le importaría ser feliz, sin términos ni condiciones. 



La esencia que es reprimida por mi parte racional. Por la parte que analiza, razona, y teme a la realidad. Aquella que no siente amor al mundo encierra a la enamorada en la jaula día a día. Aquella con la que lucho sin cesar. La fuerte parte de mi mente que me obliga a callar y bajar la mirada. 

Verdaderamente pienso que ni uno mismo llega a ver su esencia por completo, pero no es motivo para que los demás no puedan apreciar parte de ella. No significa que nunca jamás vislumbremos la esencia del otro. Sólo que nunca la vislumbraremos entera. 

No sé, quizás vuelva a estar de nuevo equivocada. Quizás viva en un continuo error. Pero las personas cercanas a mí tampoco son acertadas.

Ellos me tachan de infeliz, de infeliz. Creen que no soy feliz, que no veo la felicidad. Sintiéndolo mucho, eso no es verdad. Es cierto que muchas veces me muestro como un alma errante que no sabe a dónde va. Un alma confundida y aprisionada en un pozo de infelicidad. 



Pero ese alma que a veces cae a el pozo de la ignorancia muy a su pesar, ese alma sigue viendo la felicidad. Ve la belleza del mundo. Ese alma en un resquicio de su corazón sigue siendo feliz. ¿Nunca habéis tenido en frente a un pájaro confundido? Deja de volar y corretea por el suelo hasta que sus receptores parecen captar la dirección de nuevo. Comparadme con ese pájaro. Ahora quizás no esté en pleno vuelo (euforia y alegría) pero sigo siendo feliz

Puedo asegurar que valoro más la vida que muchos de mis allegados, valoro lo que es tenerla. Valoro lo que puede dejar de ser. Valoro su fragilidad. Valoro lo que es vivir, y por tanto el mero hecho de respirar me inunda de alegría. Sólo busco esa felicidad que sea estable, esa balanza que me haga mantener el vuelo. Cuando la encuentre echaré a volar, se lo prometí a mi esencia, un día que tuve la oportunidad de entretenerla. 


Sigo sintiendo una profunda tristeza, o quizás decepción. Dicen no juzgar de antemano (aunque en mi opinión es tarea imposible.), dicen aceptar la realidad tal y cómo es y a sus personas por igual. (Pero yo he visto desprecio en su mirada infinidad de veces, he visto como mascullan necias palabras, como no aceptan una percepción de la realidad opuesta. No comprenden el término distinto.) Estoy decepcionada porque pensé que el ser humano tenía esa cualidad. Estoy decepcionada con ellos y conmigo misma, porque de nuevo, probablemente, esté teniendo demasiadas expectativas en lo que me rodea. Debí aprender que las expectativas no conducen a ningún lugar, pero soy un alma soñadora. Un alma llena de expectativas que una a una se desquebrajan como el cristal. 




domingo, 16 de marzo de 2014

Dime, Dilo.

Dime, dime qué pasa.
Dime a qué te aferras.
Dime a qué te agarras cuando desaparece toda esperanza.

Dime, inguenuo, qué te sirve de apoyo,
Qué te sirve de guía cuando la oscuridad te alcanza. Dime, qué luz ves en el camino, qué antorcha permitirá que no te caigas.

Dime, dilo, caerás al vacío sin ninguna oportunidad de volver ileso. Dime, dilo, cómo conseguirás salir de esta jaula.

lunes, 3 de marzo de 2014

La muerte y el ser humano.

El ser humano siempre está pensando en ser inmortal. Lo aspira, lo ansía, ¿por qué? Queremos perpetuar nuestra existencia en esta vida terrenal, es un hecho observable. El ser humano no se comprende, ni comprende lo que rodea. De ahí nos vienen esas ganas de saber, de profundizar, de aprender. Nos sentimos entes vacíos que no se entienden a si mismos. Algunos optan por intentar comprender los que les rodea, pensado que quizás así alcancen a comprenderse a ellos mismos. Lástima, cuánto más parecemos saber de los que nos rodean más confusos nos hace sentir. Otros sin embargo optan por profundizar en ellos mismos, de diferentes formas, pero cuánto más descubren menos se entienden.

El ser humano ha aspirado siempre a conocer la verdad. Platón tenía ese sueño, ese propósito. Y muchos hoy día lo continúan haciendo. El saber aquello que nos causa incertidumbre debe ser fantástico. Muchas veces se puede observar pensamientos, opiniones, que refutan que la muerte es la única verdad en esta vida. Últimamente me lo empiezo a plantear, su veracidad. Están, en mi más cavilada opinión, en lo cierto. ¿Qué es verdad y qué es mentira en esta vida? No se sabe, es como preguntar qué está bien y qué está mal. Por qué alguien ha matado a otro, la única verdad es que está muerto. La muerte es la única verdad, claramente.

Lo triste es que le tememos, sí, y me incluyo en ese amplio grupo. Tememos a lo que es completamente verdad en nuestra vida. Tememos algo que todos pasaremos y nos llevará a la única verdad. Que irónico, incluso aquellos que están muy cerca de vislumbrar algo de la verdad que nos envuelve le temen. Sólo algunas personas que se han topado muy de cerca con ella o están iniciando el camino hacia ella no le temen. ¿Será porque han vislumbrado algo de la verdad, e infundados de un efervescente valor, quieren llegar hasta ella?

Anonadada me hallo, pensando en estas cuestiones tras una intensa tarde de estudio. Me cuestiono qué sentido tiene la felicidad en todo este camino. Si la felicidad la hayamos en la verdad, es la muerte el máximo culmine de la felicidad? Nos pasamos la vida frenéticamente buscando algo que sólo encontraremos al final?

Es extraño el ser humano. Extraño la mente y el cuerpo que formamos. Es extraño el universo, extraño todo y cuanto negamos. Somos seres raros, raros y temerosos que no alcanzan a aceptar que la vida es lo que tienes y la muerte es su final. Para qué ansiar ser inmortal si la verdad máxima parece encontrarse en la muerte? Qué tememos? Es cierto que buscamos ser recordados, buscamos, de la manera más nimia y absurda posible, dejar huella en este mundo que no nos da más de lo que recibimos.

Quizás, las palabras, las ciencias que hemos inventado, son la única expresión de inmortalidad de la humanidad. Quizás, en cierto modo, estemos siendo inmortales antes de morir y con la muerte hallamos la felicidad infinita. Si esto fuera cierto habría más de un ser humano inmortal y feliz. Al menos, eso es lo que espero. Al menos yo espero que morir valga la pena y no sea otra decepción terrenal más.