sábado, 12 de octubre de 2013

Nadie sabe lo que sufren los demás. Es un hecho. Nunca nadie lo sabe. Somos demasiado inteligentes y ocultamos nuestro dolor al mundo. Bajo una máscara, una máscara más o menos eficiente, pero una máscara al fin y al cabo. Nadie está exento de ese dolor, pero, ¿por qué existe? ¿Qué hacemos para merecerlo? Son preguntas que martillean mi cabeza, incesantes. 

Muchas veces pienso que soy rara, ¿quién piensa en esto? Y otras creo ser demasiado humana. El mundo nos asusta, nos abruma, se nos escapa de nuestro alcance. Demasiado perfecto, otras en cambio rebosa imperfección. La justa medida de caos y vida. Pero el caos siempre parece destacar. ¿Ilusión óptica? Me permito dudarlo. Mi mente me consuela a veces, dándome pequeñas dosis de felicidad y momentos de placer. Como oler un libro nuevo. Sentir el viento entre tu cabello. Momentos que merecen la pena disfrutar. 

Pero, la oscuridad, siempre me arrastra. Hay tanto dolor, tanta tristeza, tanto miedo, tanta enfermedad...Me pregunto que hacemos aquí. ¿Cuál es el cometido de la humanidad? ¿Estamos aquí para acabar con el planeta? ¿Estamos aquí para algo en concreto? Oh sólo para respirar. Para volvernos poco a poco inestables mentalmente. Dejar la cordura. Y mil dudas como estas acechan mis sueños, mis pensamientos y me hacen meditar. Así que, sinceramente, ¿estoy cuerda?

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