lunes, 9 de septiembre de 2013

Todo el mundo me elude. Son ágiles. Huyen de mí, me temen. Como si esperaran que en cualquier momento estuviera dispuesta a rebanarles el cuello. Como si les fuera a despojar de todos esos objetos banales a los que llaman pertenencias. Pobres candorosos, soñando con una existencia perfecta. Si  ellos supieran, si ellos supieran los que les espera allá fuera. 

La más temida, la menos nombrada y una de las más designadas. Yo no "soy", yo soy la falta, nadie, la nadaUn suspiro de aire nauseabundo. Un suspiro que nadie quiere dar. 

A veces soy silenciosa y me cuelo en las entrañas de la noche. Me refugio en la paz de las estrellas y acudo cual asesina a mi víctima. La acaricio con mi suave manto, y la beso sin tener boca. La capturo entre mis garras, afiladas como cuchillos. Sin dejarla salir, ya es mía. Sin embargo, otras veces soy ruidosa y me dejo ver a la luz del día, en cualquier sitio. Voy robando almas. Voy despojando esencias de envoltorios humanosIngenuos creyendo tener cerebros, dotados de unafalsa inteligencia y que lloran tras la pérdida. 

Algunos envoltorios humanos se sienten confusos. Son esencias demasiado perfectas para su disfraz. Esencias que resplandecen en la oscuridad. Abrumados por la imperfección de tantos sentimientos terrenales, sentimientos que no alcanzan más allá de lo que ven. La mayoría de ellos acuden a mí, buscando consuelodespués de un gran fracaso. Un fracaso que les hace cuestionarse su existencia. El por qué de tanta banalidad, el por qué de tanta necesidad. Y yo acudo como el viento, y a más velocidad que la luz. Los arropo suavemente mientras su envoltorio humano sufre, se desgarra. Y atrapo su esencia como otras tantas otras. Con más cuidado, suavemente.

Aquellas esencias más fáciles de llevar son las antiguas. Esencias consumidas por el tiempo y rendidas a lo que creen esperar fuera. Esencias sin miedo. Por otra parte, aquellas esencias más difíciles de aprisionar son las jóvenes, las que el tiempo aún no ha tocado. Se aferran a su disfraz como grandes guerreros, luchando contra ese destino inevitable, contra mi manto transparente ante sus cuerpos. 

Todos me temen y yo no los entiendo. Si soy nada. Soy un reflejo de ellos mismos que les agarra. Un viejo amigo, el mismo que les metió en esos estúpidos disfraces. Ignoro el porque de ese frenesí cada vez que acudo a por un alma compañera. Lo ignoro porque al fin y al cabo ellos, tarde o temprano, vivirán en mis entrañas. Porque la muerte es el más fiel amigo que un envoltorio humano jamás podrá encontrar