miércoles, 21 de agosto de 2013

Nuestro Amparo

Cierro el puño con violencia, y aprieto hasta clavarme mis propias uñas. Hasta sangrar. Te odio - grito a la oscuridad y el viento me devuelve el insulto. Ahora soy un monstruo, no sé que me has hecho. Desde que te fuiste, me siento un zombie, un zombie que quiere morir irremediablemente. 

Camino, más bien me arrastro, hacia el lago. Pisando las hojas húmedas de colores, las hojas que indican que el otoño llegó. Mis pies ya no hacen ruido. Me siento en el borde del embarcadero, ese hermoso embarcadero donde te conocí. Ya no me resulta hermoso, hace que el nudo de mi garganta crezca a gran velocidad y los ojos se me llenen de lágrimas. ¿Fui yo? Respondeme te suplico mirando al cielo. Pero como otras tantas veces me haces caso omiso. 


Necesito que estés aquí de nuevo, necesito que me vuelvas a enseñar como respirar suavemente. Pero tu eres aire, y yo ahora me siento como el cristal. Frágil, débil y transparente. Los demás pueden ver mi dolor, pero nadie parece querer ayudarme, nadie quiere ampararme entre sus brazos. Nadie se parece a ti. 


Y ahora estoy sola, en medio de la luz, pero envuelta en oscuridad. ¿Sabes que podría haberlo hecho mejor? Podríamos haberlo arreglado ¿no? 

Y dejo de ocultarme tras la máscara de dureza, y me rompo como el cristal, solo que yo en vez de pedazos en sollozos. Y grito desgarrándome en mi interior. Buscando el porque te has ido.

Saco el cuchillo de la maleta. Afilado, reluciente, e impaciente. Tú imagen viene a mi cabeza, pero no como el chico que eras, sino como el que te fuiste. Desangrado, con la palabra paraíso escrita en la muñeca. Y una nota a tu mano izquierda, con un simple adiós hacía mí. No fui suficiente, no fui tu paraíso. Tan sólo conseguí ocultar tu dolor en las noches de lujuria. Tan sólo te hice desearlo aún más. 


¿Me quisiste? me pregunto ahora que tenso el hilo entre la vida y la muerte. ¿Me añoraste alguna vez? Y sin pensarlo rememoro una de esas noches en las que fui tuya. En las que me sentí amada, amparada entre tus brazos, la noche en la que me enseñaste a respirar suavemente. Y lo hago. Sin dudarlo, el cuchillo cruza mi muñeca ágil, escribiendo la misma palabra. "Paraíso". No puede ser un sitio tan malo si te has marchado a él. Y en la otra escribo la palabra "Amparo", el que nadie me ofreció, y el que tanto busqué tras tu marcha. ¿Lo he hecho mejor ahora? pienso mientras la sangre sale gota a gota. ¿Sientes orgullo de mi, pajarito? Ahora respiro suavemente, ahora deseo el paraíso... ¿Me estarás esperando allí? 


Me pongo en pie, y respiro, duele, el paraíso duele. Y me imagino volando junto a tí, los dos somos aire. Y me tiró al lago. El agua inunda mis pulmones. Haciéndome sentir pesada. Y luego luz, no más oscuridad. Luz centelleante de vida. Y el paraíso. Me das tu mano, la que abrió este lugar, y yo te tiendo la mía, la que lo cerró. Y me amparas. La muerte ha sido nuestro paraíso y el suicido mi amparo. Lástima que no lo hiciéramos mejor. Lástima que nuestro amparo fuera éste, ¿tengo razón pajarito?.

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