domingo, 11 de marzo de 2012

Algo más que eso

Mi piano es un trozo de papel, arrugado o liso, con lineas o sin ellas, un trozo simplemente. El piano es el que emite toda mi música, todo lo que siento, todo lo que pienso. Mis teclas son unos lápices, unos bolígrafos o lo que encuentre en el instante para poder escribir. A través de las cuáles se crea todo, desde lo esencial hasta lo insignificante. A veces el piano no suena, se queda sin inspiración y entonces el trozo de papel queda en blanco. El único remedio para ésto es pensar, dejar que todo fluya, desde la más misera frase hasta el más profundo pensamiento. Entonces un día ocurre, te das cuenta que tu vida no sería la misma sin ese piano, sin ese objeto catalizador de sentimientos, ideas y opiniones. Aquéllas que llegan a emocionarte mientras tecleas o simplemente te hacen reír a carcajadas. Aquellas que mientras dejas fluir tu muñeca en las teclas te llena de un enorme orgullo, sin tan siquiera importante si es bueno o malo, porque a ti te ha hecho feliz dejarlo fluir y tal vez a alguien más en el mundo le haga feliz, le saque una sonrisa o le haga reflexionar, pero mientras te complazcas a ti mismo no habrá satisfacción mayor que esa. La única que te consigue sacar tocando el piano. Tu propio piano.

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